martes, 8 de mayo de 2012




Creo que la fragilidad está implícita en el ser humano. Del mismo modo que se le da la vida se le arrebatará algún día, y aunque eso pueda tardar décadas en suceder, llegará el día en que su organismo falle, sus huesos se quiebren y la piel se agriete. Poco a poco perderá capacidades intelectuales, se consumirá y vivirá para verlo. Esta claro, entonces, que el cuerpo, aunque no siempre es débil, sí es frágil.

Pero los huesos rotos y la piel zurcida, aunque suelen ser el signo más evidente de la fragilidad humana, no son los únicos traumas en los que esta reside, pues la mente, esa gran desconocida que es quien nos acaba definiendo, es aún más frágil que el cuerpo.
La mente, quien gobierna nuestro ser y nuestras emociones (en parte), también es quebradiza. La vida y la experiencia de las personas marcará sus retratos, no solo en las arrugas de la frente, sino en la personalidad, en su propia identidad, en la definición de si mismo.

Me he parado muchas veces a pensar sobre mi propia identidad: quién soy, porqué soy así, si alguien o algo me hizo así, etc, y en esta búsqueda me he tropezado y caído de bruces muchas veces, pues descubres a veces que tu propia conducta no es la que quisieras o creías, que has errado miles de veces y te culpas por ello.  Descubres también que la identidad cambia, varia con los años y las etapas de la vida, se hace y se deshace la propia personalidad a lo largo de toda la vida.
Buscarse uno mismo puede ser un angosto viaje lleno de decepciones, o todo lo contrario, pero de todos modos en él descubres cuan frágiles somos emocionalmente, como nos derrumbamos con la misma facilidad con la que sonreímos, como montamos en cólera o estallamos en risas en tan-solo unos segundos.  



Frágil
Acrílico sobre tablilla entelada 40x40 

No hay comentarios:

Publicar un comentario