martes, 18 de febrero de 2014


El viernes volví de Polonia. Me llevo cosas excelentes, como el recuerdo de las personas que conocí allí, con las que hablé, con las que bailé, las que me acogieron en sus casas desinteresadamente y que encima me enseñaron la ciudad, tanto Wroclaw como Kraków, los interminables ¡na zdrowie! a base de Vodka y cervezas de medio litro y sobretodo su gastronomía, dios bendiga los Pierogis y la sopa Zurek.
Pero me llevo también una de las peores sensaciones de mi vida: Auswitch, el escenario del puro infierno.
Es por lo mejor y lo peor que se trata de un viaje realmente inolvidable.

Alba, a donde vayas iré.


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